ROADTRIP POR MALLORCA

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¿Alguna vez te has enamorado de un sitio? ¡Yo sí! Me he enamorado mucho y muy fuerte de Mallorca. Este post es una guía de viaje por la isla basada en nuestras últimas vacaciones. Si estás buscando qué hacer, alojamiento y restaurantes has llegado al lugar perfecto. 


Yo sabría esperar,
porque el tiempo no me importa,
si construyeran un puente
desde Valencia hasta Mallorca.


¡Llegar a Palma fue coser y cantar! Recogimos nuestro coche de alquiler en el mismo aeropuerto, súper rápido y sin colas y nos pusimos en marcha con destino a nuestra primera parada: Es Turó. Este hotelito rural está escondido entre caminos y campos idílicos, a la salida de Ses Salines y con unas vistas del pueblo y el mar increíbles. El personal es súper atento y nos hicieron sentir como en casa. Allí pudimos disfrutar de los desayunos, la piscina al aire libre y el spa, hicimos el check in y el check out. Aunque nuestro alojamiento en realidad era Villa Station, de los mismos propietarios y a 2km de Es Turó. Villa Station está en la antigua estación de tren de Las Salinas que funcionó hasta los años 60. Techos altos, baldosas hidráulicas, buganvillas, terrazas y otra piscina para cuatro coquetos apartamentos. El nuestro estaba en la primera planta y tenía cocina, un sofá cama que no supimos abrir 😂, dos baños y servicio de limpieza diario. Lo mejor, despertarnos cada día escuchando los pájaros. 

Muy cerca de nuestro apartamento vimos la playa que aparece en tooooooodas las guías de Mallorca, Caló des Moro,  y que aún siendo mayo estaba súper masificada. Nos quedamos con ganas de pisar esa arena tan blanquita y nos fuimos a Es Trenc. Andamos toda la playa hasta la calita de la izquierda con agua limpísima y muchos jubilados alemanes nudistas y morenísimos.  

También nos acercamos a Cala Figuera y dimos un paseo por su puerto que nos recordaba tanto a la Costa Brava. Cala Mondragó y Cala Llombards se nos quedaron pendientes en esta zona (así tendremos que volver 😉). 

En Palma dejamos el coche en este parking e hicimos un free tour por el centro que nos gustó mucho: las dos horas se nos pasaron volando y aprendimos un montón de la historia de la ciudad. Todo el centro merece callejear y perderse.

Fuimos varias veces a Can Joan de s'Aigo y nos lamentamos cada día de no tener uno en Valencia. Necesitamos dos goteros de helado de almendra y ensaimada de albaricoque urgentemente. Nos enamoró también su historia: desde 1700 Joan de S’Aigo se dedicaba a recoger nieve en la Serra de Tramuntana y conservarla en las ‘casas de nieve’ para tener hielo en verano. En Joan tuvo la idea de mezclar el agua que dejaban estos bloques de hielo con zumos de frutas y más tarde creó el primer helado, de almendra. Como tiene más de 300 años de historia, ya es tradicional ir a tomarlo después de la misa del Corpus.

También aprovechamos para visitar la Fundació Pilar i Joan Miró. Aunque nunca nos había atraído especialmente su trabajo, nos encantaron el espacio y la exposición. Aunque lo que realmente nos tocó la patata fue visitar los talleres de Miró, su arquitectura, cómo él cuenta que necesitó llenarlos de sus figuritas, postales, fotos y recortes para hacerlo suyo y sentirse preparado para crear allí la culminación de su obra. Me emocionaron mucho sus colores, su forma de empaparse de vida y ese momento en el que sintió que su trabajo estaba ya completo.

Gracias a Miró y su amor por el arte étnico descubrimos la cerámica tradicional mallorquina: los siurells. Son unas figuritas hechas de barro y pintadas con cal que solían hacer las mujeres payesas de Mallorca y cuyo origen se desconoce. Estuve leyendo y parece que se han encontrado figuritas similares en otras culturas mediterráneas y pueden ser amuletos o juguetes. Los siurells pueden ser de muchos tamaños, originalmente eran miniaturas pero han llegado a hacerse figuras de un metro de alto. Suelen representar animales o seres mitológicos así como pequeñas escenas de la vida cotidiana payesa y siempre se decoran con pequeñas pinceladas rojas y verdes. Tienen un silbato en su base del que toman el nombre. Tradicionalmente se hacían en los talleres de alfarería pero ahora quedan sólo en algunos pueblos algunas siurelleras que han perpetuado el trabajo de sus antepasadas. Nosotras visitamos dos talleres en Pòrtol donde hubiéramos arrasado con todo el stock: Ca Madò Bet des Siurells y Can Bernardí Nou.  

Aunque atravesamos muchos pueblos con las típicas casas de piedra de ventanas verdes y puertas de cristal, el más bonito sin duda es Valdemossa en la Serra de Tramuntana. Es el pueblecito que imaginas cuando piensas en Mallorca, con esas calles estrechas de piedra y tan llenas de plantas. También son preciosos Deià y Sóller, pero junto a La Calobra y la Playa de Formentor nos los reservamos para próximas escapadas. 

Otro gran descubrimiento fue Sineu. Es el pueblo que está justo en el centro de la isla, rodeado de campos y pequeños caminos. Nos recordaba a los pequeños pueblos que fuimos encontrando en Istria, la Toscana de Croacia. En Sineu, por casualidad encontramos el Celler Can Font donde se come el arròs brut y a nosotras se nos hace la boca agua pensando en la coca salada de cebolla y bacalao que nos tomamos para almorzar. La camarera es encantadora y nos contó que ésta es la bodega más antigua de la isla, del siglo XIII. También nos explicó que cada miércoles en Sineu se celebra el mercado al aire libre más grande de Mallorca, que tiene siglos de historia y es siempre multitudinario.  

Y otra gran recomendación es que allí donde vayáis, pidáis tumbet. Es un plato vegetariano hecho con patata, berenjena, pimiento rojo y tomate del que también necesitamos un gotero jajaja. ¡Podría desayunar, comer y cenar tumbet y no me cansaría nunca!

Aunque de todos, el recuerdo más bonito de esos días es el de una puesta de sol en la carretera de Campos a Las Salinas. Las balas de paja, el cielo rosa, las ventanillas bajadas y tantísimas flores silvestres. Escuchábamos los pajaritos, alborotados en esa hora, y un podcast de RNE sobre Lorca con el que reímos y lloramos. Paramos en un prado verde e intentamos hacer algunos autorretratos desastrosos, nos reímos más.

Fuimos tan felices.  

 
 
Paula G. Furió